La Estación 

¿Alguna vez han ido a un lugar que les recuerde a un ser amado?

Eso es lo que me pasa cuando voy a la estación, hace ya más de 15 años que mi abuela se hizo una con el universo, de hecho, nunca fui con ella a este restaurante, sin embargo el aura que rodea este lugar me recuerda mucho a ella y tal vez por eso me siento como en casa cuando voy a desayunar ahí.

Con este ya son 3 años que todos mis ingresos económicos son por medio del mundo del vino, he dado muchas catas y platicado con un mar de gente y siempre sale un tema a colasión cuando una copa se desliza en nuestros dedos, el vino sabe mejor cuando estas tomándolo en un ambiente propicio, ya sea una vinicola, al lado de un viñedo, con amigos, en casa, una cena o comida importante y sobre todo con gente que consideramos importantes para nosotros; saben, hoy me di cuenta de algo no la comida pasa lo mismo y creo que el Restaurante La Estación me pone en ese mood hogareño, cálido, familiar que me permite disfrutar la comida más allá de los sabores platillo.

Los chilaquiles en salsa verde con huevo revuelto, es probablemente uno de mis desayunos favoritos cuando me encuentro fuera de casa, ya sea que tenga que viajar trabajo o por placer siempre aprovechó para degustar este platillo; hoy estoy en casa, pero amanecí con unas tremendas ganas de unos chilaquiles y fui a buscarlos a este lugar.

El restaurante toma su nombre por su locación; este se encuentra en uno de los barrios de más tradición de mi ciudad, el Barrio de La Estación, que a su vez es nombrado así, debido a que la estación de trenes y todo el complejo ferroviario que tuvo su auge y caída en el siglo pasado está ubicado justamente enfrente de este restaurante. 

En fin, hablemos de la comida, mi desayuno fue completo, un plato de chilaquiles en salsa verde, huevo revuelto y frijoles, acompañado de un jugo de naranja natural y un café de olla con una concha. Empecemos por lo primero.

Los chilaquiles: una salsa que se presentaba balanceada, la acidez del tómatelo, el picor del Chile y los aromas tate adiós de los ingredientes daban una complejidad a los totopos   que son de tamaño pequeño, detalle que me pareció interesante, generalmente los totopos son 1/4 de tortilla, lo cual lo hace difícil para introducir en la boca, este detallista por mínimo que sea ayuda a disfrutar más cada bocado, el huevo me pareció muy rico y con las salsas que ponen en la mesa se llevaba muy bien , los frijoles no sobresalieron pero no decepcionaron.

(Algo importante, para mí los chilaquiles son totopos bañados en salsa, no tortilla remojada en salsa, este es un debate ancestral en mi casa, que después abordaremos aquí.)

Café de olla: me gusto con sus notas dulces muy sutiles, dulce sin llegar a ser un jarabe, algunos cafés de olla abusan del piloncillo y la canela.

Jugo de naranja: natural y fresco que es como debe de ser.

Pan dulce: nada extraordinario, la verdad poco memorable pero tal vez es que no estaba de ganas para el postre fue más un sacrifico para tener material para el blog,cosas interesantes tel llevan todo una banderita para seleccionar tu pan o todos los panes si así lo prefieres.

En general me gusto la experiencia, siempre me gusta, un conjunto de factores que hacen memorable este lugar para mí, buena comida, buen lugareños ese sentimiento de que mi abuela me acompañada vez que voy ahí.

Sin duda uno de mis lugares preferidos en Ags.

Bebovino

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